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Comunicación y vínculos seguros: claves para la crianza en contextos de cambio

Muchos padres y madres que transcurren la vida entre el caos de ser ellos mismos y los diferentes roles adquiridos con el paso del tiempo, se ven confrontados a la crianza de sus hijos, traspasados también por lo que menciona Sigmund Baumann como una modernidad “líquida”, donde la vida transcurre deprisa, con una aparente libertad malinterpretada y movilizada por adultos ocupados en una sociedad consumista. En este contexto se forman sentidos de pertenencia vacíos, relaciones interpersonales superficiales y carentes de responsabilidad afectiva. Mientras tanto, los niños atraviesan un proceso evolutivo inevitable, con millones de neuronas sedientas de aprendizajes que parecieran tener un destino final: aquel que tiene origen en el caos que viven sus padres o cuidadores.

Aunque todo parece caótico, es aquí donde surge la pregunta: ¿desde dónde movilizarnos para construir escenarios seguros para los niños y prácticos para los padres? Una clave es el lenguaje, herramienta que nos diferencia como humanos. Como expone Paul Watzlawick en sus axiomas de comunicación, es imposible no comunicar: todo mensaje es interacción

Por ello, los adultos deben hacer una pausa y reflexionar sobre la forma en que transmiten enseñanzas. Todo niño está presto al aprendizaje, pero también necesita sentirse amado, guiado y seguro. Cada palabra, gesto o límite construye su manera de relacionarse con el mundo. El lenguaje debe contener en esencia amor y afecto, promoviendo vínculos de apego seguro mediante escucha activa y validación emocional. A su vez, los límites claros y coherentes orientan y protegen, sin tener que llegar al castigo, generando en los niños confianza y cercanía.

Los hijos también aprenden desde el ejemplo; por tanto, la coherencia en la crianza es fundamental, pues todo aquello que se quiera ver en un hijo debería ser un reflejo de coherencia en las creencias, acciones y convicciones de los padres. Fomentar autonomía y responsabilidad es un ejercicio de supervisión, y sí, podría sonar algo contradictorio. Sin embargo, la supervisión implica que los hijos tomen decisiones acordes a su edad y a sus recursos emocionales, en aras del aprendizaje de compromisos mayores en el tiempo. Este ejercicio de
supervisión moviliza espacios donde los padres pueden reconocer logros, valorar esfuerzos y motivar nuevos aprendizajes, lo cual forja en la dinámica familiar escenarios de construcción a favor del vínculo seguro.


La crianza presente es el cimiento de los adultos futuros. La misión de padres y cuidadores es romper círculos fallidos para formar adultos empáticos, respetuosos y conectados consigo mismos. Educar no es fácil, pero es la oportunidad de acompañar con amor, coherencia y respeto, sembrando confianza para que los hijos vuelen con sus propias alas, fuertes y edificantes, capaces de perpetrar estos atributos de generación en generación.

Referencias a interés de los padres:

  • Articulo académico: El Papel Educativo De Los Padres por María Aurelia Ramírez Castillo y Tomás Sola Martínez Universidad de Granada https://bitly.cx/QKnMc 
  • Libro: Un Mundo Con Sentido (sugerido a niños menores de 10 años) para el reconocimiento de emociones.
  • Cartilla sobre parentalidad positiva instituto colombiano de bienestar familiar https://bitly.cx/0TiGt
  • Cuento: donde están las monedas https://bitly.cx/xwOsY

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