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Criarse para criar: cuando la crianza comienza por la escucha

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Cuando hablamos de pautas de crianza, solemos pensar en los niños. Sin embargo, el verdadero punto de partida deben ser los padres, quienes día a día ponen en práctica esas pautas. Criar implica mucho más que corregir o enseñar conductas que requieren un proceso profundo de autoconocimiento, revisión interna y disposición al cambio.

Errar es parte natural del proceso de educar, tanto como lo es el amor que sentimos por nuestros hijos. Pero ese amor, lejos de ser una garantía de que lo hacemos bien, debe convertirse en motor de transformación. Criar desde el amor implica cuestionarnos, reflexionar y adaptarnos continuamente, en busca de relaciones más sanas y conscientes con nuestros hijos.

Ejercer una paternidad o maternidad responsable requiere reconocer que cometeremos errores, y que está bien hacerlo, siempre que estemos dispuestos a aprender de ellos. Este proceso puede ser desafiante, pues tocará aspectos sensibles como nuestro orgullo, nuestras tradiciones y la manera en que fuimos criados. Sin embargo, cuando el objetivo es el bienestar de los niños, debemos estar dispuestos a hacer los ajustes necesarios.

El primer paso hacia una crianza más consciente es conocer a nuestros hijos, no podemos educar lo que no entendemos. Para lograrlo, es fundamental aprender a escuchar activamente. Esta escucha va más allá de oír palabras, implica atención plena, interpretación emocional y lectura de comportamientos, gestos y silencios.

Desde este lugar de escucha, podemos identificar qué pautas necesitamos establecer o fortalecer. Pero no basta con saberlo; debemos también observarnos a nosotros mismos, reflexionar y ajustar nuestros propios comportamientos para modelar aquello que queremos enseñar. La crianza no solo se transmite con palabras, sino con el ejemplo.

Ser congruentes entre lo que decimos y lo que hacemos es clave. La actitud y el comportamiento de un padre o madre tienen un impacto directo en cómo un hijo actúa y reacciona ante la vida. Por eso, más que educar, se trata de ser.

A todos los padres y madres, un consejo: no desfallezcan. Escuchen, sean coherentes y recuerden que educar a un hijo es más sencillo cuando uno mismo se educa, se transforma y se adapta al maravilloso ser humano que tiene delante.

Trabajamos por el bienestar de la familia y la niñez Colombiana

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