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Cuidando Cuidadores

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En el ejercicio terapéutico, el psicólogo se convierte en un acompañante del sufrimiento ajeno, en un testigo que sostiene el dolor del otro y lo transforma en posibilidad de cambio. Sin embargo, en medio de esta tarea tan profundamente humana, se esconde una paradoja: cuanto más nos ocupamos del bienestar de los demás, fácilmente olvidamos atender el nuestro. Desde una perspectiva sistémica y comunicacional, este descuido no es un simple olvido, sino un patrón relacional que se repite y se refuerza, hasta que el propio cuerpo o la vida nos obligan a detenernos.

El profesional de la salud mental suele moverse entre la empatía y la responsabilidad, entre el deseo de ser útil y el compromiso ético con el otro. En ese esfuerzo constante, puede llegar a perder la conexión con sus propias necesidades, emociones o límites. El cuidado, cuando no se equilibra con el autocuidado, se convierte en desgaste. En muchas ocasiones, el terapeuta solo reconoce esta desconexión cuando atraviesa una crisis personal, una enfermedad o un evento traumático que lo obliga a mirarse con la misma compasión que ofrece a quienes acompaña. Y es allí donde se revela la paradoja: para cuidar genuinamente de otros, es necesario aprender primero a cuidarse a sí mismo.

Desde la mirada de la comunicación humana, cada acto del terapeuta transmite un mensaje. Si el psicólogo promueve la autocomprensión, la regulación emocional o el respeto por los límites, pero descuida los suyos, su discurso pierde coherencia. El mensaje implícito que se envía es contradictorio: se predica el cuidado, pero se modela el sacrificio. En ese desajuste, el terapeuta no solo se agota, sino que reduce su capacidad de presencia y escucha, ofreciendo solo una parte de sí mismo en la relación de ayuda.

Cuidarse, entonces, no es un gesto egoísta ni una tarea secundaria. Es un acto de coherencia profesional y ética. Supone reconocer que el terapeuta también es un sistema que necesita equilibrio, descanso y espacios de renovación. Significa aprender a decir “no” cuando el cuerpo o la mente lo demandan, a poner límites sin culpa y a validar las propias emociones sin negarlas. Solo desde un estado de cuidado personal auténtico es posible brindar acompañamiento pleno, creativo y compasivo. Cuidarnos no nos aleja del otro, sino que nos permite estar verdaderamente presentes, ofreciendo lo mejor de nosotros en cada encuentro terapéutico.

Trabajamos por el bienestar de la familia y la niñez Colombiana

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