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Trasmitiendo ideas

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Desde la mirada sistémica y comunicacional inspirada en Paul Watzlawick y el constructivismo radical de von Glasersfeld, comprendemos que el lenguaje no es un simple medio para describir la realidad, sino el instrumento a través del cual la realidad misma se construye. No existen hechos puros, sino interpretaciones compartidas que cobran sentido en el intercambio con los otros. El ser humano no vive en un mundo objetivo, sino en uno tejido por significados, por narraciones que se van configurando a partir de la experiencia y de la forma en que la comunicamos. En este sentido, cada conversación, cada palabra y cada silencio son actos creativos que delinean los límites de lo que llamamos realidad.

Watzlawick plantea que no podemos dejar de comunicarnos, y esta afirmación implica que todo lo que hacemos o dejamos de hacer comunica algo, construye sentido y genera efectos. Desde esta premisa, el terapeuta estratégico entiende que el cambio no se produce al modificar los hechos, sino al transformar el modo en que estos son percibidos y narrados. La realidad no se cambia directamente; se cambia la descripción que hacemos de ella. Es precisamente en ese desplazamiento donde surge el espacio para el cambio de segundo orden: aquel que no transforma solo el contenido, sino el marco desde el cual interpretamos el mundo.

En el encuentro terapéutico, paciente y terapeuta se encuentran como dos sistemas de significados que buscan un punto de encuentro. El paciente trae su realidad, construida desde su historia, sus experiencias y los patrones comunicacionales que ha repetido en su entorno. El terapeuta, desde su propia realidad, escucha, observa y co-construye con el otro una nueva versión de lo que se vive. No se trata de imponer una visión distinta, sino de crear un contexto donde ambas realidades dialoguen y emerjan nuevas formas de interpretación. Este proceso, profundamente relacional, da lugar a momentos de comprensión súbita, a instantes epifánicos en los que el paciente logra mirar su situación desde una perspectiva inédita.

Así, el lenguaje se convierte en una herramienta transformadora. Cuando el terapeuta introduce nuevas narrativas, metáforas o formas de nombrar la experiencia, abre posibilidades antes invisibles. Lo que parecía un problema insoluble puede reinterpretarse como una oportunidad de aprendizaje o de crecimiento. En esa alianza comunicacional entre las dos realidades, se genera un cambio profundo: el paciente no solo encuentra soluciones, sino que reconstruye el modo en que explica su propio mundo. De esta manera, el acto terapéutico se convierte en un espacio de creación compartida donde, a través del lenguaje, ambos participan en la construcción de una nueva realidad posible.

Referencias

  • Watzlawick, P., Beavin Bavelas, J., & Jackson, D. D. (2011). Teoría de la comunicación humana: Interacciones, patologías y paradojas. Herder.
  • Von Glasersfeld, E. (1996). El constructivismo radical: Una forma de conocer y aprender. Gedisa.

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